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Sueño en Rosa Cumplir quince años en América Escrito por Adolfo Ayuso
El
cumplir quince años se ha puesto más de moda que nunca. La arraigada
tradición hispana de esta celebración se ha extendido como una verde
hiedra que sigue los pasos de los latinos por todo el territorio
estadounidense y los grandes comerciantes como Mattel y Disney han
tomado nota.
En
efecto, las alzas en los porcentajes de población hispana en Estados
Unidos y su creciente participación en el mercado americano han
institucionalizado muchas de las tradiciones celebradas por décadas en
América Latina. Después de la aparición de “Barbies Quinceañeras”,
producto de la compañía Mattel en el mercado americano, Walt Disney
Resorts creó el año pasado un proyecto para celebrar a las quinceañeras
en sus instalaciones ofreciendo diversos paquetes para toda la familia.
A
las jóvenes que pasan al mundo de los adultos se les permite circular
en carrozas de cristal y presenciar espectáculos espléndidos de fuegos
artificiales con sus amigos, además de debutar en salones de baile
decorados como si estuvieran en el interior de castillos europeos.
Pero,
¿cuál es el origen de esta celebración y cómo se ha transferido la
costumbre a los Estados Unidos? ¿Qué hay detrás de este “rito de
pasaje” y cómo se integra la práctica en la ideología y maquinaria del
sistema económico norteamericano?
La celebración de los Quince
Años se remonta a antiguas ceremonias indígenas de la época
prehispánica, utilizadas por los mayas y los aztecas para marcar la
entrada de las jóvenes a la edad adulta. Al cumplir quince años, las
mujeres se apartaban de sus familias e ingresaban a la escuela o telpochcalli,
donde estudiaban sus tradiciones y eran preparadas formalmente para el
matrimonio. Finalmente regresaban a sus comunidades y se les realizaba
una fiesta que legitimaba su acceso al mundo de los mayores.
En
vía paralela, con la llegada de los españoles y el establecimiento del
periodo colonial, las clases altas en América Latina comenzaron a
imitar la moda europea. La Duquesa de Alba, por ejemplo, presentaba en
las cortes peninsulares a las muchachas casaderas. A partir de
entonces, las señoritas al otro lado del Atlántico participan en
sociedad de diversas maneras a la edad en que se consideran adultas.
La
religión católica importada de España durante el virreinato introdujo
el concepto de la misa vinculada con la celebración y, durante la
segunda mitad del siglo XIX bajo el reinado del emperador Maximiliano
de Habsburgo y su esposa Carlota, los valses austriacos y los vestidos
largos se agregaron al repertorio, erigiéndose como símbolos
inconfundibles y vitales para la realización de esta fiesta.
En
Estados Unidos, los Quince Años se comenzaron a popularizar durante la
década de los treinta, y se llegaron a combinar con los Sweet Sixteen
que se celebran al llegar el decimosexto aniversario de las muchachas.
Importante es señalar que la Conferencia de Obispos Católicos de
Estados Unidos aprobó en el año 2004 una liturgia específica para esta
celebración, cuyo propósito ha sido reconocer la importancia y
aportación de las mujeres, además de presentar a la joven ante la
comunidad parroquial y concederle una bendición especial.
Por muchos
considerada una “mini boda” – con la diferencia de que la festejada
duerme al final del día con mamá y papá – en la fiesta las muchachas
bajan escaleras levantando sus crinolinas de colores brillantes y
flotando sobre humo seco y pompas de jabón. Llevan caireles rizados y
trenzas bajo brillantes coronas cubriendo sus frentes, mientras en el
fondo se toca la Marcha Triunfal de la ópera Aída
y la voz ronca de un anunciador da la bienvenida a las jóvenes. Abajo
en la sala esperan generalmente quince chambelanes, además de
familiares, padrinos y amigos que han presenciado un video con imágenes
de la vida de las protagonistas. Al final de la celebración todos
acaban bailando norteñas, quebraditas y cumbias por igual.
Pero
con los cambios demográficos, las nuevas generaciones y el movimiento
del mercado en Estados Unidos, la radiografía de la fiesta ha empezando
a transformarse. A parte de la aparición de infinidad de sitios en la
red que ofrecen servicios para las fiestas. Cada año se exportan a los
Estados Unidos más de 50 mil vestidos desde México con un valor
aproximado de medio millón de dólares. Estas prendas se distribuyen
entre la creciente comunidad hispana por tiendas especializadas.
Entre otras manifestaciones, el año pasado salió al público la película Quinceañera,
que resume nuevas problemáticas de los latinos en Estados Unidos y toca
temas sensibles que ya desde 1985 habían sido abordados en la exitosa
telenovela mexicana del mismo título. Así, los Quince Años significan
hoy más que una fiesta en la medida en que son testigo de la inclusión
de la comunidad hispana en la sociedad estadounidense, además de
brindar la posibilidad de subrayar un sentido de comunidad latina en un
país ajeno que paradójicamente muchas veces ha probado no ser un
amistoso receptor de nuevos inmigrantes.
Los Quince Años tienen
una funcionalidad particular, que es la de unir mentalmente y desde
nuestras raíces a todos los hispanos viviendo en América del Norte.
Esto hace que se reconozcan como “nosotros” frente al concepto de
“ellos”. A su vez, les permite erigirse como los “nuevos americanos”
con identidad propia sin tener que romper totalmente con su pasado,
mientras aparecen una serie de productos y servicios inteligentemente
diseñados para preservar y responder a la transformación latina de las
generaciones nacientes.
Mattel ya tiene una “Barbie Quinceañera” y Disney ofrece paquetes para esta celebración.
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