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La sinfónica del comedor

La loza está apilada sobre el pretil rechinando de limpia, las vitrinas inmaculadas, los pisos pulcros y brillantes, y sobre las mesas, de par en par, reposan las sillas patas p’arriba en el comedor para empleados de la Secretaría.

Recuerdo el día que pusieron el anuncio solicitando cocineras limpias y con sazón. Me contrataron de galopina. No sabía de qué se trataba pero no me importó. Fue como sacarse la lotería. ¡Qué importaba si era como lavaplatos o como riegaplantas, la cosa era que ya hasta seguro social tenía y un cheque cada quince días! El trabajo en la Cafetería siempre ha sido muy pesado, pero ¡a mí me encanta hacerle a todo!

Jesusita dirigía la cocina, el comedor y repartía la faena entre las muchachas desde la bodega hasta los baños. Aunque cada quien tenía su flamante “guía del puesto”, la verdad ni sabíamos leer, así que todas le entrábamos a todo.

No acabábamos de lavar la vajilla cuando ya estábamos guisando el almuerzo. Y es que la comida es toda una responsabilidad. “Rosa, esa cebolla más picadita, que no es pa’ las gallinas”, o “¡ese mole está muy aguado!” exclamaba “Chuchita” como le decíamos todas. Encaramada siempre en un banco alto de donde dirigía a las 23 compañeras que trabajábamos en el salón comedor buscaba siempre la “calidad total” de los platillos y “la excelencia en el servicio”, como nos capacitaban y, por si fuera poco, andaba en negociación constante con los pichicatos del almacén y los proveedores: “¿qué pasó con el aceite de ajonjolí que pedí?” – reclamaba por teléfono.

Siempre pensé que debería haber nacido con una batuta de directora de orquesta. No se le escapaba nada. Lo mismo estaba al pendiente que no faltaran claveles en los floreritos de las mesas que de preparar y hacer llegar discretamente a la esposa del Señor Secretario y Presidenta de las Damas Voluntarias, su “pastel de tres leches” para el cumpleaños.

Todos los días, por lo menos 300 empleados desfilaban, charola en mano, frente a las vitrinas que dejaban relucir una lluvia de suculentas y nutritivas viandas con inmejorable presentación.

Muchas aprendimos de ella todo lo que sabemos. Las cosas en la Cafetería se siguieron haciendo por muchos años como ella decía aunque hubo otras jefas. La nueva se llama Aurora, y ella habla de la pirámide de alimentos. ¿Qué será eso?

Yo solo sé de las pirámides de los aztecas. Pero bueno, se trata de progresar…

Carlos García de Alba Zepeda, Director General de Relaciones Internacionales de la SEP. caregalbaz@yahoo.com
  
Octubre-Noviembre 2008
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