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Panamá: mirando al cielo ESCRITO POR ROSANA UBANELL IMÁGENES DE KIKOR
La avenida de Balboa, paralela al Océano Pacífico, recorre como columna vertebral los barrios de Calidonia o Bella Vista, parte de la nueva ciudad de Panamá donde los estilizados gigantes conforman un panorama urbano que rivaliza con los rascacielos de Manhattan, Miami o Los Ángeles. A ambos lados de la nueva Panamá conviven reliquias del pasado precolombino y colonial que mezclan sus esencias del pasado con el esplendor del futuro.
Si a uno lo tirasen en paracaídas con los ojos vendados y aterrizase en la Avenida de Balboa, quizás creyese que llegó a Miami, pero se equivocaría por 1.800 kilómetros. Esta es la nueva Panamá, la que clama al cielo con sus inmensas torres que compiten en altura hasta que una nueva y advenediza se añade al panorama arquitectónico y las supera. La nueva frontera se encuentra en la zona llamada “Costa del Este” dada la saturación de construcciones en Calidonia y Bella Vista y la constante demanda de viviendas modernas.
A los pies de esas torres impecables lo mismo se puede adquirir el último saco de Louis Vuitton, que visitar la clínica dental con los tratamientos más recientes, recurrir al endocrinólogo para mantenernos juveniles o consultar la cuenta bancaria en el CitiBank o el BBVA. Todo a escasas cuadras de distancia entre el cirujano plástico y el asesor financiero.
Porteros, guardias de seguridad y vigilantes mantienen los edificios con eficiencia de búnker para que los que buscan, no tanto seguridad porque la ciudad es muy segura, sino privacidad y anonimato. Y todos ellos siempre con una sonrisa en los labios, porque los panameños han hecho de su sonrisa su bandera.
De lunes a viernes, en cualquier de los rascacielos, la semana pasa sin sentirlo, frente a un Océano Pacífico cambiante. Al llegar el fin de semana todo muda: a menos de dos horas se disfruta la playa o el campo.
Los bautizados como “Diablos rojos”, los multicolores autobuses de transporte público añaden una nota de color a los elegantes barrios cuando los cruzan como una bala. El apelativo se refiere mayormente a sus conductores y no a los vehículos, por su manera de manejar. Un transporte sin retrasos para la población local que debe trasladarse de un lado a otro para cumplir sus obligaciones laborales.
A tiro de piedra, en el paseo de Esteban Huerta, bajo arcos llenos de buganvilla, el mundo retrocede siglos y las indias Kuna, que dejaron sus tierras en las islas de San Blas para adentrarse en este laberinto de hormigón, venden sus artesanías “molas” ricas en colorido, ataviadas con sus trajes típicos.
La península que conforma el Casco Antiguo de la ciudad de Panamá, se asoma al mar desde sus barrios de Santa Ana y San Felipe. Aún quedan partes por restaurar, pero la recuperación de la bella ciudad antigua sigue su curso.
Plazas, calles, iglesias, edificios de estilo colonial van recobrando su antiguo esplendor. La Catedral Metropolitana, el Palacio Presidencial, el Teatro Nacional, el Museo de Arte Religioso, la Iglesia de San José, aportan una colorida vida a la vieja ciudad donde el paseo se convierte en obligatorio.
Al otro lado de la nueva Panamá, al norte, se localizan las ruinas de Panamá La Vieja, siempre mirando al Pacífico. Los restos arqueológicos de lo que fue una ciudad de piedra, se esconden entre el verdor natural de la zona, recreándose en el adyacente Jardín de la Paz.
El Canal de Panamá se localiza a unos 20 minutos de auto. Desde las instalaciones de Miraflores se observa cómo la apertura de las esclusas permite el paso de los cargueros entre dos océanos. Una obra de ingeniería monumental que sube y baja el nivel de agua en diversos compartimentos en cuestión de minutos.
La huella que dejaron los norteamericanos antes de ceder el Canal a Panamá es omnipresente, pero los panameños han sabido aprovecharla y adaptarla con toda naturalidad a sus usos y costumbres. La “Zona Viva”, una de las áreas de diversión nocturna más populares y elegantes de Panamá, se localiza en los edificios donde vivían los altos mandos norteamericanos.
El Amador Causeway es otra vía llena de vida, esta vez diurna. Adentrándose en el océano, plasma un paseo rodeado de agua por todas partes. Se pueden alquilar bicicletas y recorrerlo acompañado del sonido del mar. En el camino aparecen restaurantes, tiendas y un gigante en plena construcción, el Museo de la Biodiversidad “Puente de la Vida”, justo en la boca pacífica del Canal de Panamá y diseñado por el arquitecto Frank O. Gehry.
Existe una diversidad de centros comerciales para las compras para todos los gustos y bolsillos y, por supuesto, la tradicional Zona Libre, ya fuera de la ciudad, donde cientos de comerciantes ofertan sus productos libres de impuestos.
Un día con los Emberá
Panamá aúna siete etnias indígenas que han asimilado la modernidad del comercio a la vez que mantienen vivas sus lenguas y antiguas tradiciones en su vida cotidiana. Entre ellas se encuentran los Emberá.
Los Emberá le ofrecen al turista, dispuesto a vivir algo excepcional, la oportunidad de convivir con ellos el día entero o pasar la noche en una de sus aldeas. Viven en zonas designadas en el Parque Nacional Chagres.
Las excursiones se arreglan siempre a través de un guía. Pero es importante tener de guía una persona sensible que ha forjado una intachable relación con los Emberá. Es un retorno total al Edén por lo cual no es una experiencia para alguien no dispuesto a dejar atrás sus conceptos de comodidad y modernidad.
Desde el hotel, nuestro guía nos transporta hasta al parque donde nos esperan dos representantes de la comunidad Emberá del clan Drua. De ahí nos llevan en cayuco sobre el río Chagres hasta llegar a su aldea. El viaje es tranquilo pero salpicado con momentos emocionantes cada vez que Jacobo nos señala las diversas aves como el águila pescadora.
Nos llevó casi dos horas llegar a la aldea donde nos esperaba un alegre conjunto de músicos vestidos con taparrabos dándonos la bienvenida con flauta, tambor y voz. A la orilla del río, cerca de las lanchitas, un grupo de mujeres platica alegremente en su dialecto mientras limpian y filetean sobre unas tablas de madera el pescado que unas escasas horas antes sus hombres sacaron del río para alimentarnos. Llevan colgando hasta la cintura largos collares elaborados con semillas, madera y cuentas. Cubren sus caderas con una simple saya conformada por un rectángulo de tela de brillantes colores y estampados. Los niños, desnudos y felices, brincotean a su alrededor. El agua cristalina me permite ver el fondo cubierto de piedras redondas pulidas por la corriente.
Ascendimos un buen trecho. Entramos a una casa construida en zancos con techo de palma pero sin paredes para aprovechar las corrientes del río. En una especie de fogata en una cazuela llena de aceite de coco frieron el pescado. ¡Qué delicia! Ahí, sentados en bancas hechas de troncos de árbol, disfrutando de la sombra y la brisa, escuchábamos mientras nos explicaban el método de elaboración de sus artesanías y paciente y cándidamente contestaban nuestras preguntas sobre la vida en la aldea. Por ejemplo: ¿cómo conviven varias generaciones en una sola casa donde las paredes son o inexistentes o muy delgadas? Queda claro que los conceptos de nuestro mundo son muy diferentes a los de los Emberá.
No hay electricidad pero sí existe un teléfono sobre una torre que utilizan principalmente para emergencias y para comunicarse con los guías turísticos que les indican cuándo y cuántas visitas pueden esperar. Los Emberá viven al ritmo de su entorno y conviven muy cercanamente con la naturaleza a pesar de la implacable incursión del resto del mundo. La mayoría de sus necesidades básicas como agua, comida, y medicinas se las da la generosa selva y el río por medio de siembras limitadas y cosechas de pescado, fruta, hierbas y madera que no alteran el delicado balance de su medioambiente. De la venta de sus artesanías y propinas de sus visitas, ellos compran lo demás.
Cada familia tiene su casa y cada persona tiene su lugar. Pero el concepto de ser “dueño” no se percibe de la misma manera que nosotros. Todo tiene su precio. Quisiera que no fuera tan difícil desprenderme de mis posesiones para poder vivir en ese mismo estado de paz que en esos momentos me rodea.
— Ana Cristina Reymundo
Información útil
Hoteles
Sheraton Four Points www.fourpoints.com
Marriott www.marriott.com
Intercontinental Miramar www.InterContinental.com
Radisson Decapolis www.radisson.com
The Bristol www.thebristol.com
Le Meridien www.starwoodhotels.com
Restaurantes
Las Tinajas www.tinajaspanama.com
Madame Chang Calle 48 Bella Vista (507) 236-1313
La Posta www.lapostapanama.com
Las Bóvedas Plaza de Francia Casco Antiguo (507) 228-8058
Casablanca www.restaurantecasablancapanama.com
Manolo Caracol www.manolocaracol.com
Golden Unicorn Ave. 5B Sur Edificio Evergreen 4to piso San Francisco (507) 226-3838
Compras
Zona Libre www.zonalibredecolon.com.pa Multiplaza Albrook Mall Centro Municipal de Artesanías Panameñas Las Terrazas Mall
Zonas de diversion
Marbella Zona Viva Calle Uruguay Casco Antiguo
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