TITULARES:   La nueva Panamá: mirando al cielo    |   Básquetbol, juego sagrado y ancestral 
SECCIONES:   Negocios    |   Culturama    |   Horizontes    |   En forma    |   Buena vida 
EN CADA EDICIÓN:    Perspectiva    |   Carta de la Directora    |   Motor    |   Última palabra  |  En Breve  |  Telón 
Autor >> Escrito por Rocío Ayuso

Gael García Bernal

“El cine es una de las buenas noticias de México”, afirmó, en entrevista exclusiva, con la cara bien alta y el pecho erguido, este joven actor ante la década de reconocimientos internacionales del cine mexicano.

García Bernal es de la Nueva Onda aunque a él no le gustan las etiquetas y prefiere ver este vasto grupo de actores, realizadores, guionistas y directores de fotografía “Made in Mexico” como un grupo de amigos. Quizás ese sea el secreto de su éxito. “México no es organizado y de esa falta de estructuración que existe es de la que salen cosas muy independientes. Películas muy personales”, explica. Además el cine no es un deporte. “Gracias a Dios, no hay que meter goles”, respira aliviado. “Quizás somos pésimos actores y quizás son pésimos directores pero juntos somos mejor que cualquiera”, remata.

Mide poco más de metro y medio, acaba de entrar en los 30 y es de los que sabe pasar desapercibido sin estridencias, pese a su fama y a un poderoso magnetismo. Como artista es inigualable. El mexicano más famoso junto a Pancho Villa y Frida Kahlo afirma el buscador Google. En persona esa mezcla de inmensos y profundos ojos, labios a lo Mick Jagger y pelo revuelto, como quien acaba de levantarse de la cama, le confieren esa belleza que le ha convertido en un ídolo.

Un ídolo con conciencia. En Hollywood le conocen y mucho. Amores perros, Y tú mamá también, Babel y Rudo y Cursi… películas con su nombre bien grande que han revolucionado el cine mexicano al norte de la frontera. Incluso uno de los primeros cortos de su carrera como actor, De Tripas Corazón, estuvo en la contienda del Oscar. Pero García Bernal sigue su rumbo, da igual quien llame a su puerta. Aunque sea la fama de Hollywood. “No la busco. Por eso ni me gusta ni me cuesta. Me reafirmo en las cosas que hago, ese camino medio atípico quizás, pero eso es lo que me mantiene. Hacer las cosas que me gustan. Esa libertad es un gran privilegio que viene con la gran responsabilidad de ser congruente”, resume.

Es difícil ser congruente en Hollywood y por eso evita esta industria. Son demasiados los que se venden diciendo que hacen una película comercial por el dinero para hacer otras más pequeñas, más personales. O los que se venden sin más excusas. Gael García Bernal no está entre ellos. Se mantiene íntegro pero sin aspavientos. Defiende proyectos para la prevención del sida, critica la política estadounidense en materia de inmigración y arrima el hombro a favor de un cambio en el mercado global. Todo eso además de adorar el cine y su país. En el cine se deja la piel porque como dice “una película es una extensión tuya, un cacho de tu epidermis”.

Y en su país deja sus libros, su vida, su corazón incluso cuando los rodajes le llevan de país en país y su vida de pareja, junto a la actriz Dolores Fonsi y a su primer hijo, Lázaro, le ha llevado a poner casa en Madrid. “Es una ciudad tan chiquita…”, dice con ternura de la capital española este mexicano acostumbrado a la inmensidad de la ciudad de México. Le gusta pasear y Madrid se lo hace en 20 minutos mientras que el DF… “Mi lugar preferido es el UNAM, la zona universitaria, una décima parte de la ciudad de México, impresionante, gigantesca, alucinante, increíble, preciosa”, se deshace en piropos a esa ciudad de la que queda claro que nunca se marchará.

Hijo de padres actores e intelectuales, estaba claro desde pequeño el futuro de este joven. Lo que nunca imaginó fue el tamaño del éxito. “Le recuerdo de crío, con sus primeros cortometrajes, cómo era capaz de aguantar la cámara. Ahora es igual de bueno y la diferencia es que ya no le salen granitos en la cara”, le toma el pelo Carlos Cuarón, guionista y director de Rudo y Cursi, su última película, pero sobre todo amigo.

“¿Amigos? Hermanos, un hermano más, el pequeñito”, resalta el realizador. A Gael no le queda más que asentir. “Pasa lo mismo con Diego. Te diría que es el hermano que siempre quise pero dado que tengo tres hermanos diré que es el hermano que siempre tuve”, se explaya el actor en referencia a Diego Luna, también intérprete, también mexicano y también amigo. Juntos comenzaron su carrera y siguen juntos no sólo en Rudo y Cursi sino al frente de la productora Canana y en su amistad diaria. ¿Incluso ahora que ambos son padres? “Hacemos cosas con el poquitititititito tiempo libre que tenemos”, replica bromista. ¿Incluso con las familias separadas por un océano? “Es la era del Skype”, aclara con esa picarona sonrisa suya.

Si Hollywood ha llamado a su puerta con insistencia sin que Gael les preste atención lo mismo pasa con los paparazzi que quieren imponerse en su vida personal. Les desprecia con humor y educación. “Son la grasa más grande que existe. Y están creciendo mucho en España”, se muestra preocupado. Por eso cada vez es más parco a la hora de hablar de los que le rodean. No quiere que se vean mezclados en el mismo torbellino mediático que le rodeó cuando salió con Natalie Portman. Por eso de su primer hijo sólo cita lugares comunes. “¡Qué te voy a decir si no! No me gusta hablar de estos temas y lo sabes. Pero siento lo que todo padre sintió cuando vio a su hijo por primera vez. Un amor sobre todas las cosas y un amor incondicional, eterno y un destello infinito”, se extasía. Un lugar común pero, al igual que su cine, un trozo de su epidermis.
  
Con acento en la “O”

Si te pones a pensarlo, pocos premios son tan hispanos como el Óscar. Va más allá de que su creador, Cedric Gibbons, estuviera casado con la mexicana Dolores del Río. O la leyenda de que esa pose regia que tiene la estatuilla más codiciada del mundo tuvo como modelo a Emilio “Indio” Fernández.

Lo cierto es que manos hispanas traen al mundo cada año una nueva generación de estatuillas. Manos como las de Anacleto Medina o las de Jorge Marroquín, encargados durante años de ponerle con orgullo el acento en la O al brillo de los Óscar. “En la factoría somos un 95 por ciento mexicanos y el resto guatemaltecos, puertorriqueños… puro hispano, puro latino”, resume Marroquín con orgullo en referencia a la compañía R.S.Owens de Chicago, encargada desde 1982 de traer al mundo el Oscar®.

Es un proceso laborioso, de unas ocho horas por galardón y eso sin contar las pausas que hay que hacer para que se asiente la aleación de metal Britania, cobre y plata que se echa en el molde. Luego hay que cortar la rebaba, darle un lijado, un pulido y finalmente ese baño de oro de 24 quilates que las hace brillar bajo las luces de los fotógrafos. Una tarea minuciosa y donde cada estatuilla es inspeccionada al milímetro para que todo quede perfecto. “Al final los hispanos somos los que hacemos el mejor trabajo”, razonan sin modestia los que se encargan de esta tarea.

Un pedido anual de 50 estatuillas que se prepara con esmero un mes antes de la ceremonia y siempre con la esperanza de que se vuelva a repetir una victoria hispana. “Imagínate lo bonito que se siente cuando le dan a alguien el Óscar y encima es un compatriota”, resume Marroquín haciendo casi propias las recientes victorias de Javier Bardem o de Penélope Cruz y sin perder la esperanza de ver la misma cara de felicidad en el rostro de Salma Hayek o de Jennifer López, otras de las actrices preferidas en la empresa. Y es que el Óscar es el Oscar, como aceptan todos los que en él trabajan en R.S.Owens.
  
Arteaméricas

Decenas de artistas emergentes latinoamericanos encuentran un gran escaparate donde exponer sus novedosas técnicas y propuestas las cuales presentan las problemáticas sociales del continente.

Arteaméricas es la distinguida feria internacional de arte latinoamericano que se ha celebrado consecutivamente en Miami desde hace ya ocho años. Como es de esperarse, Arteaméricas exhibe lo mejor del arte de América Latina al reunir las galerías de arte más prestigiosas en la región.

En un período de cuatro días el público puede visitar sus pabellones y asistir a conferencias y conciertos en el Miami Beach Convention Center. Miami siempre ha sido la sede de Arteaméricas por ser el epicentro de la cultura latinoamericana ya que ahí convergen los mundos del arte tradicional, moderno y contemporáneo. Todas las pinturas, esculturas y arte de multimedios de maestros consagrados y artistas emergentes representan lo mejor del arte latinoaméricano así como la evolución artística de América Latina.

Este festival, que reunirá cientos de obras de Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador, España, Haití, México, Panamá, Perú, República Dominicana, Uruguay, Venezuela así como obras de artistas latinoamericanos residentes en Estados Unidos nos muestra que el estado de animo y salud artística del continente está muy bien. Aunque en esta edición se contará con la presentación de piezas de maestros de la plástica como Fernando Botero, Lygia Clark, León Ferrari, Wifredo Lam, Armando Reverón, Jesús Soto, Rufino Tamayo o Joaquín Torres, esta iniciativa también tiene como finalidad apoyar el trabajo de jóvenes artistas para darlos a conocer en el mundo de las artes.

Las obras en exposición vacilan en precio desde los US $2000 hasta un millón de dólares. Se cuenta con la participación y colaboración de prestigiosas instituciones del sur de la Florida como el MAM (Miami Art Museum), Lowe Art Museum y el Bass Museum of Art.

Jana Ángeles es escritora mexicana residente en Texas.


Más información


Miami Beach Convention Center
1901 Convention Center Dr. Hall A
Miami Beach (Florida)
www.arteamericas.com

Marzo 26: viernes de 12:00 – 21:00
Marzo 27: sábado de 12:00 – 21:00
Marzo 28: domingo de 12:00 – 19:00
Marzo 29: lunes de 12:00 – 17:00

Gratis entre las 12:00 y las 14:00
Después de las 14:00 cuesta US $12
  
Febrero-Marzo 2010
Ejemplares Anteriores
De nuestros socios
HardRockMarch
Otros enlaces
 

 


aacom.jpg

 

oneworld.jpg