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Tradiciones >> Escrito por Rocío Ayuso

De nuevo al pasado


Entre los legendarios mercados madrileños está el de San Miguel que ha pasado a ser la cita ultramoderna de la compra con su gama de cosmestibles artesanales.

Situado en el corazón del Madrid más castizo, junto a la Plaza Mayor, el último de los mercados de hierro y con más de un siglo de vida a sus espaldas, el Mercado de San Miguel se ha pasado a la modernidad sin abandonar su vocación tradicional. Sigue siendo un mercado, eso queda claro viendo la fruta, la verdura, la carne, el pescado en sus mostradores. Pero también hace de la cesta de la compra parte de la cultura. Algo que cualquier español conoce en sus carnes.

Como dicen sus organizadores, el Mercado de San Miguel es ahora el reflejo de la pluralidad gastronómica de España, un punto tanto de información como de formación. Y para ello están la frutería de Hilario, la Ostrería de Sorluz, La casa del Bacalao, los dulces del Horno de San Onofre o el pan de horno de leña de L’Artesa de Galeant, algunos de los muchos negocios de este mercado.

Todos ellos rezumando la profesionalidad de una tradición artesanal de varias generaciones en su trabajo, adecuando sabores de toda la vida a presentaciones modernas. No faltan las rosquillas de San Isidro, la horchata, el turrón o el jamón. Jugosa le pone un toque especial a eso tan natural que es un zumo, la Casa Gispert ofrece esos que fueron conocidos como productos coloniales pero que ahora son frutos secos españoles y para vinos, Pinkleton y Wine los sirve de mesa mientras que Los Vinos Olorosos de San Miguel se encarga de los generosos.

A la venta para llevar a casa o para degustar in situ, con un área abierta de mesas donde hacer confluir los diferentes sabores de los puestos o echarle un ojo a los libros de la librería Laie, todos ellos relacionados con la buena mesa, el mercado se ha convertido en un centro de obligada visita tanto para comprar como para disfrutar de una buena comida acompañada de un buen caldo.

Con este gran proyecto lleno de imaginación, se ha conseguido salvar una tradición centenaria, la del mercado popular, lugar de encuentro de los vecinos a la hora de la compra. Estos son momentos en los que uno se para en la carnicería o en la panadería a elegir el producto, charla con el tendero y los otros clientes, se intercambian noticias familiares y novedades, se crea comunidad. El mercado forma parte del tejido social, es una costumbre enraizada y bella de nuestra cultura latina, que sobrevivirá gracias a la renovación del Mercado de San Miguel.



Más información

El Mercado de San Miguel
Plaza de San Miguel, Madrid
011 34 915 424 936
www.mercadodesanmiguel.es


Autor

  

El hombre domesticado


Don Miguel afirma que los seres humanos estamos “domesticados”. Conforme vamos creciendo, fingimos ser lo que no somos con el único fin de “encajar” en el perfil que de nosotros se espera. Terminamos siendo alguien que no queremos ser. Llegado un momento de la vida, la domesticación es tan poderosa, que ya no necesitamos a nadie que nos domestique. Somos un ser auto-domesticado.

El libro de Don Miguel Ruíz Los Cuatro Acuerdos, centra su teoría de las enseñanzas toltecas, las de sus antepasados, de manera sencilla e inteligible. Siguiendo sus cuatro principios podemos ser nosotros mismos, lograr nuestra propia verdad, volver a ser dueños de nuestras decisiones.

“Debemos escuchar a nuestro corazón, pensar positivo y debemos aprender a escuchar a los demás sin enjuiciar”, afirma Don José Ruíz, que desde hace casi una década complementa a su padre en las enseñanzas toltecas. “Si yo no me juzgo nadie me juzga”, comenta.

Don Miguel Ruíz, el papá, aprendió desde diño con su madre y su abuelo que “todo es posible y no es tan difícil de conseguir como la gente se piensa. Con sentido común la vida es sencilla. Las personas la complican”.

Todo comenzó cuando Don Miguel Ruíz, después de años ejerciendo como doctor se dio cuenta que la gente era adicta al sufrimiento: “Si no sufrían no estaban contentos. Su vida estaba llena de mentiras, supersticiones. Decidí poner en palabras lo que mi mamá y mi abuelo me transmitieron”. Y así nacieron los Cuatro Acuerdos, ahora complementados con El Quinto Acuerdo y otras obras como La Maestría del Amor.

Hay que refrenar emociones, que no es lo mismo que reprimirse. Como dice el Dr. Ruíz, y perdonar; una gran virtud, la mejor prueba de amor que puede existir. “Sabrás que has perdonado a alguien cuando lo veas y ya no sientas ninguna reacción emocional. Oirás su nombre y no tendrás ninguna reacción emocional. Cuando alguien te toque la herida y ya no sientas dolor, entonces sabrás que has perdonado”.

Si centramos nuestra atención en lo que deseamos cambiar y tomamos acción, llegaremos a nuestra meta. Convirtiéndonos otra vez en niños, volviéndonos salvajes de nuevo, viviendo el hoy como si el mañana no existiese.

Rosana Ubanell es subdirectora de Nexos.



Más información

www.miguelruiz.com



Los cuatro acuerdos

• Ser impecable con la palabra, no dañar a nadie con ella. La palabra es como un hechizo y debe utilizarse para el bien no para el mal. Nunca hablar mal de los demás ni hacer caso de rumores y habladurías.

• No tomarse nada personalmente. Si alguien te insulta o te hiere, no tiene nada que ver contigo. Yo soy simplemente la excusa, la víctima de tus miedos, la diana de tus dudas. Cualquier cosa que expreses contra mí, es un reflejo de tus problemas e incertidumbres, no de los míos. Así, no tengo porque responder mal. Lo que digas no va conmigo.

• No hacer suposiciones es la tercera regla de Don Miguel Ruíz. Creemos que lo que suponemos es cierto. Sólo vemos lo que queremos ver y oímos lo que queremos oír. Necesitamos justificarlo, explicarlo y comprenderlo todo para sentirnos seguros.

• Haz siempre lo máximo que puedas. Si nos gusta lo que hacemos y si siempre hacemos lo máximo que podemos, disfrutaremos realmente de nuestra vida, afirma Don Miguel Ruíz. Esta acción consiste en vivir con plenitud. La inacción es la forma de negar la vida, sentándose frente al televisor durante años por miedo a vivir la vida. Ser, arriesgarnos a vivir y disfrutar de nuestra vida es lo único que importa.
  
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